Cooperación y vileza al alcance de un clic
Una congregación de millones de personas no trae consigo sólo problemas, sino también puede aportar soluciones. Cuando nos referimos a las redes sociales virtuales, escuchamos y leemos, sobre todo, las desventajas que éstas producen y las precauciones que debemos tener al momento de utilizarlas. Pirateo de identidades, pedofilia, violaciones, robos y amedrentaciones virtuales se destacan en este ámbito.
No obstante a esta realidad que viven y aceptan día a día nuestros niños, adolescentes y gente en general, también podemos establecer ciertas buenas utilizaciones que la sociedad puede hacer de estas redes.
Escuché, por ejemplo, la pasada semana que Facebook había facilitado la identificación de un asaltante en Argentina. Resulta que varias de las víctimas reconocieron a este delincuente, puesto que el mismo colocó su perfil, totalmente verídico, en esta red social. Felizmente la justicia admitió la prueba como válida para seguir con el proceso.
En países más desarrollados como EEUU o Francia, la Policía “disfraza” a un cuerpo de oficiales de inocentes niñas o niños crédulos que comparten toda su vida a través del Internet. El objetivo, atrapar a pedófilos que intenten aprovechar esta inocencia y cometer sus perversidades.
En la esfera social, el seísmo de L’Aquila en Italia (abril 2009) y, un evento mucho más cercano a nosotros, el terremoto de Haití permitieron demostrar cómo estas redes pueden congregar a miles de personas alrededor del mundo para poder compartir no sólo comentarios, también informaciones relevantes que permitan colaborar con las acciones llevadas a cabo en el mismo lugar de los hechos. Varias cuentas creadas con nombres dedicados a estos desastres naturales permitieron la participación de empresas, instituciones y otras organizaciones civiles para hacer sentir su voz de apoyo y canalizar las vías para las colaboraciones económicas.
Éstos así como muchos otros ejemplos demuestran que “no hay mal que por bien no venga”. En definitiva cualquier iniciativa creada por el hombre tan sólo necesita de un alma pútrida para convertirla en todo lo contrario. Entendiendo que el fenómeno Internet concentra más de mil millones de internautas en todo el planeta[1], no es difícil imaginar que una sola se ocupe de desvirtuar estas ideas.
Es en este sentido que los navegadores virtuales y la sociedad en general deben reaccionar frente a estas multitudinarias concentraciones de gente metidas en nuestros ordenadores. Tomando las debidas precauciones que el caso amerita, su funcionalidad puede revelarse incuestionablemente positiva.
En nuestro país, si bien el alcance de Internet es aún reducido, es necesario propugnar políticas educativas entorno a la eficiente utilización de estas herramientas de comunicación que el siglo XXI nos puso delante. Colegios, universidades y demás recintos aglutinadores de niños y jóvenes tienen la obligación de trabajar con ellos para incentivar un uso correcto del Internet y todos sus contenidos, incluidos los de distracción y diversión que, hay que decirlo, están separados de la depravación y la inmoralidad por una delgada línea que muchos no sabemos diferenciar.[1] Según el estudio World Metrix de la firma comScore Inc., durante el mes de diciembre pasado, utilizaron la red 1.007.730.000 personas.
by: ltrino | Visitas Totales: 0 | Palabras: 676 | Fecha: Fri, 30 Jul 2010 Hora: 6:06 AM | 0 comentarios
Sobre el Autor
*Lic. Luis Alberto Trino Lopera es comunicador y docente universitario
