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No más droga made in Bolivia



Nuestro vecino podría estar produciendo droga en su casa. La facilidad para burlar controles y despistar a nuestros efectivos policiales brinda oportunidades a gente vil para cometer esta clase de delitos. Las incautaciones seguidas y abundantes de droga, la detención de narcotraficantes y la excedente producción de la hoja de coca son claros indicios de la irregularidad en cuanto al control de los estupefacientes que se realiza en nuestro país.

Era cuestión de tiempo para escuchar al primer mandatario admitir que la red del narcotráfico supera de sobra a las prácticas de nuestras autoridades encargadas del tema. Al igual que en toda la organización delincuencial, estos antisociales no trabajan con herramientas ni técnicas arcaicas como nuestra Policía. Estos deshonestos ciudadanos planean, calculan y ejecutan sus fechorías con la más alta tecnología y los más nuevos e ingeniosos métodos de espionaje.

Nuevamente los ojos del mundo comienzan a centrarse en Bolivia por las ingentes cantidades de droga incautadas por la Policía. Es fácil deducir que mientras más confiscaciones haya, más droga se produce, ya que está claramente establecido que sólo un pequeño porcentaje de la droga elaborada es detectada.

Las fábricas se deslocalizaron. Hace un quinquenio aproximadamente las fuerzas especializadas en la lucha contra el narcotráfico se adentraban en lo más profundo del Chapare para interceptar fábricas de procesamiento de cocaína. Hoy somos testigos de la incesante evolución de las estrategias de estos narcoclanes que se camuflan en las ciudades, en domicilios de gente con reputación que muy pocos pondrían en duda.

Grupos extranjeros están utilizando la débil estructura policial boliviana para implantarse en el país y realizar trabajos exprés, es decir, producir una cuantiosa cantidad de cocaína para luego salir del país y ofrecer el producto en mercados norteamericanos o europeos. Nuestro territorio deviene un puente para esta ganancia ilícita, y nuestra gente se convierte así en una fácil presa de la ganancia rápida de dineros mal habidos que, sin embargo, envuelven mucho riesgo.

El trabajo primordial que tenemos que encarar está en las fronteras por donde ingresa este tipo de gente. El intercambio de información entre las Policías nacionales de los países vecinos es vital para conocer qué personas entran al país. Si bien es cierto que los grupos delincuenciales bolivianos no tienen límites al momento de amedrentar a la población, también es cierto que son muy pocos los que llegarían a acceder a esa red mundial que se necesita para comercializar la droga. Esos vínculos intercontinentales se encuentran dominados por delincuentes foráneos.

A la par, es urgente un mejor control en la salida de productos. Sabemos que se produce droga en el país, si no podemos desterrarla, por lo menos trunquemos los negocios de estos cárteles que no tienen ningún interés en vender su fabricación en nuestro territorio.

Los grandes mercados del mundo comienzan a apuntarnos con el dedo nuevamente. No podemos permitir que los narcodólares vuelvan a crear un espejismo de buen circulante en el país. Si así lo hacemos, cuando las demás naciones nos cierren sus puertas y nos conminen a erradicar la droga, nuestra economía caerá por los suelos. Estamos a tiempo de impedir este horizonte catastrófico para todos los bolivianos.

by: ltrino | Visitas Totales: 3 | Palabras: 675 | Fecha: Fri, 30 Jul 2010 Hora: 6:45 AM | 0 comentarios

Sobre el Autor

Lic. Luis Alberto Trino Lopera es comunicador y docente universitario

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