Elogio a Bartolome de las Casas
Era un hombre, que había llegado a América como todos los conquistadores, en busca de fortuna, hacienda y esclavos. Peleó contra los indios durante muchos años; fue encomendero, minero; usó del trabajo forzado de los indígenas. Recordando aquellos, sus primeros tiempos en América, muchos años después, BARTOLOME DE LAS CASAS, escribiría lo que había visto:
“Entraban en los pueblos, ni dejaban niños, ni viejos, ni mujeres preñadas, ni paridas que no desbarrigaran y hacían pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quien de una cuchillada abría un hombre por medio, o le cortaban la cabeza de un piquete, o le descubrían las entrañas. Tomaban las criaturas de las tetas de las madres por las piernas, y daban de cabeza con ellas en las peñas. otros daban con ellas en los ríos por las espaldas, riendo y burlando y cayendo en el agua decían: "bullís cuerpo de tal"; otras criaturas metían en la espada con las madres juntamente, y todos cuantos delante de sí hallaban. … Otros ataban y aliaban todo el cuerpo de paja seca, pegándoles fuego, así los quemaban: Otros y todos los que querían tomar a vida cortábanles ambas manos, y de ellas llevaban colgando y decíanles: "andad con cartas (conviene a saber): Llevad las nuevas a las gentes que estaban huidas por los montes. Comúnmente mataban a los señores y nobles de esta manera: que hacían unas parrillas de varas sobre horquetas, y atábanlos en ellas y poníanles por debajo fuego manso, para que poco a poco, dando alaridos en aquellos tormentos desesperados se le salían las ánimas”[1].
Una tarde de domingo de 1511, en la isla LA ESPAÑOLA, Las Casas escuchó a un indignado sacerdote, que se desgañitaba desde el púlpito predicando; y sus frases repercutirían en su conciencia. En efecto, aquella tarde inolvidable, Bartolomé de Las Casas, escuchó el famoso sermón del padre Fray Antonio de Montesinos:
“Para dároslo a conocer me he subido aquí, yo que soy voz de Cristo en el desierto de esta isla, y por tanto, conviene que con atención, no cualquiera, sino con todo vuestro corazón y con todos vuestros sentidos, la oigáis. (Esta) voz os será la más nueva que nunca oísteis, la más áspera y dura y más espantable y peligrosa que jamás pensasteis oír".
"Esta voz, (dice), que todos (ustedes) estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes.
Decid: ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios?
¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos nunca oídos, (los) habéis consumido?
¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine, y conozcan a su Dios y creador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos?
¿Estos, no son hombres? ¿No tienen almas racionales? ¿No estáis obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico, dormidos? Tened por cierto, que en el estado [en] que estáis no os podéis más salvar, que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo".[2]
Tiempo después, ya como sacerdote, LAS CASAS se uniría a la obra del padre Montesinos, a favor de los indígenas, llegando a desbordar con creces los alegatos de aquél memorable sermón.
UN MODELO DE CONVERSION Y EXPIACION.
BARTOLOME DE LAS CASAS, ha sido el centro de acalorados epítetos; se le acusó de extremista, de exagerado, de publicista de la leyenda oscura de España en el Nuevo Mundo. No podemos entender el trato que a veces se dispensa a uno de los hombres más lúcidos y sinceramente cristianos de Occidente. La vida de Bartolomé de Las Casas pudiera ser una parábola de conversación escatológica; su ascenso de la semi-penumbra de una formación mediana y nada excepcional para su época[3] a la posesión de una de las palabras más ilustradas del humanismo de todos los tiempos; es un modelo de auto-liberación:
'...Comencé a meditar sobre algunos principios de las Sagradas Escrituras. En una parte del libro encontré esto que dice: "el pobre no Posee nada como no sea el pan; quien se lo quite es un asesino. Quien no le dé su pago al trabajador, es un criminal"...Entonces pensé en las penalidades y la esclavitud en que vive el pueblo aborigen aquí ... Y tanto más pensaba, tanto más me iba convenciendo de que todo lo que afligía y sucedía a los indígenas hasta la fecha, no era más que tiranía e injusticias. Y por tanto que iba estudiando,(iba) encontrando en cada libro que leía, fuera latín o en español, cada vez más pruebas y motivos y teorías fundadas en apoyo al derecho de los pueblos de las indias Occidentales y contra el salvajismo y las injusticias y los robos que contra ellos se cometen...[4]'
Entonces, aproximadamente, a los cuarenta años, BARTOLOME DE LAS CASAS, renuncia a su encomienda, renuncia a las tierras que le habían concedido, renuncia a los indios que tenía como siervos y se lanza a defender la causa de aquellos a los que había visto morir, y ser esclavizados y ser perseguidos. Si FRANCISCO DE VICTORIA es el padre del Derecho Internacional, Bartolomé de Las Casas es adalid de los Derechos Humanos y culturales de todas las razas y de todos los pueblos. Nada de lo que dijo o escribió fue exagerado, por ejemplo denunció con energía las masacres de los indios de las Antillas, porque las había visto muy de cerca; y hoy en día tenemos como un monumento sombrío a sus palabras, en el hecho de que prácticamente no ha quedado ni un solo indio en medio del Caribe.
De las Casas no fue pues el extremista o propagandista de la leyenda negra de España; sino un acalorado denunciante de las aberraciones que se cometían en nombre de una fe que preconizaba el amor. ¡Y qué clase de denunciante¡ En verdad fue también abogado, el mejor abogado defensor de la causa indígena ante la corte y ante los grupos que se disputaban la primacía en la empresa conquistadora. Lo delicado del tema lo obligó a documentarse y a utilizar el método histórico-comparativo, razón por la cual se le puede considerar también un precursor de la etno-historia y la antropología moderna. Hablando de él, versados autores españoles contemporáneos, como el sacerdote Manuel Giménez Fernández opinan: que todo lo consignado por De las Casas ha sido confirmado punto por punto por los documentos encontrados sobre las Indias,[5]y aún más, citando a otros conocedores de la obra de Las Casas, Giménez dice: La Historia de las Indias de Bartolomé de las Casas, es un libro grande y noble… el libro que yo escogería si sólo uno de los que tratan del Descubrimiento de América pudiera ser salvado de la destrucción.[6].
En un próximo artículo expondremos los principales planteamientos jurídico - políticos y antropológicos de BARTOLOME DE LAS CASAS.
NOTAS
[1][1]LAS CASAS, Fray Bartolomé de: Brevísima relación de la destrucción de las Indias[Crónica de Indias: Texto completo] Capitulo: De la isla La Española.En: http://www.ciudadseva.com/textos/otros/brevisi.htm
[1][2] DOCUMENTOS PARA EL ESTUDIO DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA EN AMERICA LATINA. Facultad de Teología- Departamento de Historia de la Iglesia, Pontificia Universidad Católica Argentina, Argentina, 2008. http://usuarios.advance.com.ar/pfernando/ http://webs.advance.com.ar/pfernando/
[1][3] Losada, Angel: BARTOLOME DE LAS CASAS, en EL CORREO de la UNESCO de Junio de 1975, pp..4 -5.
[1][4] http://www.simon-bolivar.org/bolivar/f_a_de_montesino_%20y_f_b_de_las_casas.html
[1][5] Giménez Fernández, Manuel: BARTOLOME DE LAS CASAS, 1953, pp. XII del prefacio, por el mismo autor. ESCUELA DE ESTUDIOS HISPANO-AMERICANOS de SEVILLA. Sevilla, 1953.
[1][6] Ibid. pp. 175. El autor cita a Eliot Morison.
by: mario h. ortiz nishihara | Visitas Totales: 19 | Palabras: 2444 | Fecha: Mon, 1 Dec 2008 Hora: 3:45 AM | 0 comentarios
Sobre el Autor
AUTOR: MARIO H. ORTIZ NISHIHARA.
